Consulta:
Dr. Gerardo Ventura Serrano
C/ Pedro Teixeira nº 3, bajo A
28020 MADRID
Tfno.: 915557460
La
información publicada en nuestra web es fruto de nuestro propio
trabajo y de investigaciones documentales sobre la temática tratada,
pero en ningún caso reemplaza la relación
con su médico.
EMBARAZO
PRUEBAS
DE DETECCIÓN BASADAS EN LA TRANSLUCENCIA
NUCAL
NOSOTROS
SOMOS PARTIDARIOS DE LA ORGANIZACIÓN “PRO-CHOICE”.
DAMOS LIBERTAD DE ELECCIÓN A LA EMBARAZADA
PARA QUE ELLA ELIJA SI DESEA CESÁREA, PARTO
VAGINAL O ASISTENCIA AL PARTO EN SU DOMICILIO.
INTRODUCCIÓN
Ha habido avances significativos en la detección
prenatal del síndrome de Down en los últimos
decenios. El estudio se inició seleccionando
como candidatas de amniocentesis a aquellas mujeres
de edad materna avanzada (mayor o igual de 35
años en el momento del parto) o con antecedente
del padecimiento en un hijo. Las pruebas de detección
para la población obstétrica general
fueron posibles a mediados de 1980 con el descubrimiento
de que una cifra baja de alfa-fetoproteínas
(AFP) sérica materna en el segundo trimestre
del embarazo conllevaba un mayor riesgo de síndrome
de Down. Luego se estableció un esquema
de detección de múltiples marcadores
séricos para ese propósito en el
segundo trimestre.
Ese cambio en el paradigma de detección
estimuló por último la investigación
en busca de mejores marcadores. El conjunto
de sustancias séricas a analizar en el
segundo trimestre se ha ampliado mucho y en
la actualidad incluye una combinación
de cuatro, conocida por lo general como “prueba
cuádruple”, constituida por AFP,
gonadotropina coriónica humana (hCG),
estriol no conjugado (uE3) e inhibina-A.
El tomar la decisión de realizar la
amniocentesis basándose en los resultados
del estudio de marcadores múltiples en
el segundo trimestre y la edad materna sigue
siendo el estándar de atención
para la detección prenatal del síndrome
de Down en Estados Unidos. Dependiendo del número
de sustancias analizadas, se pueden detectar
con el análisis sérico materno
en el segundo trimestre de 55 a 76% de los casos
de síndrome de Down, con una tasa de
positivos falsos (FPR) del 5%.
Este método tiene varias desventajas
y se realiza en un momento relativamente avanzado
de la gestación (15 a 18 semanas), lo
que lleva al diagnóstico definitivo del
síndrome de Down por amniocentesis en
etapas tardías del segundo trimestre.
Es más, del 25 al 40% de los casos del
síndrome no se detectan con ese esquema
y la FPR del 5% señala que se requiere
hacer hasta 60 amniocentesis por cada síndrome
de Down detectado. Dado que la amniocentesis
tiene una tasa de pérdidas gestacionales
de casi 1 entre 200, ello implica que se pierde
un feto normal por cada tres con síndrome
de Down que se detectan. Claramente, ese método
actual de detección del síndrome
no es muy eficaz.
Las limitaciones expresadas han espoleado
la elaboración de esquemas de detección
alternativos que pudiesen tener tasas de detección
más altas y diagnósticos más
tempranos durante la gestación. El avance
más significativo al respecto fue la
introducción del estudio ultrasonográfico
durante el primer trimestre mediante la medición
de la translucencia nucal (NT) fetal. Ese hallazgo
ultrasonográfico tiene más utilidad
cuando se combina con el análisis sérico
materno de la proteína A plasmática
asociada al embarazo (PAPP-A) y la subunidad
beta de hCG en el primer trimestre.
Por traslucencia nucal fetal se conoce al
espacio subcutáneo normal lleno de líquido
entre el dorso del cuello y la piel suprayacente.
Se cree que a mayor medida de NT, más
grande es el vínculo con el síndrome
de Down, otras aneuploidías, malformaciones
estructurales mayores y resultados adversos
del embarazo. Inicialmente surgió alguna
confusión para diferenciar entre una
gran NT y un higroma quístico. Este último
se observa como un espacio ecolúcido
aumentado que se extiende a lo largo del eje
corporal fetal, con tabicaciones gruesas características.
Por el contrario, la translucencia nucal simple
tiende a confinarse a la región del cuello
fetal y no tiene tabicaciones obvias. Es posible
que el higroma quístico sea consecuencia
de una sobredistensión del sistema linfático
yugular, en tanto la translucencia nucal simple
es un hallazgo normal y su medida aumenta por
una amplia variedad de causas. Tanto la translucencia
nucal simple como el higroma quístico
pueden ser fenómenos transitorios que
se resuelven en el segundo trimestre. Hay varias
hipótesis en cuanto a la fisiología
de una gran NT. Por lo general se cree que el
líquido se acumula en la región
de la nuca por estenosis del istmo aórtico
u otro defecto cardiovascular fetal, anomalías
en la matriz extracelular o un retraso o anormalidad
del desarrollo linfático. La causa específica
de una NT aumentada puede variar según
el trastorno subyacente. Si bien algunos investigadores
quieren considerar a la translucencia nucal
simple de la nuca y el higroma quístico
como trastornos semejantes que representan diferentes
extremos de un proceso patológico, los
autores los tratan clínicamente como
separados, ya que son fáciles de identificar
por ultrasonografía y tienen implicaciones
y pronósticos muy diferentes.
DETECCION DEL SÍNDROME DE DOWN POR
TRANSLUCENCIA NUCAL
Casi todos los estudios tempranos de la detección
basada en la translucencia nucal (NT) se hicieron
en mujeres de alto riesgo, con variación
sustancial en la tasa de detección del
sindrome de Down (de 46 a 62%). Las más
probables explicaciones para tal variación
incluyen diferentes criterios y grados de destreza
para medir la NT, variabilidad del éxito
en la obtención de una medición,
la diferente edad gestacional en el momento
del estudio y la variación en la definición
de los límites de una NT anormal.
Casi todos los primeros estudios incluyeron
un pequeño número de sujetos y
fueron de naturaleza retrospectiva, con pacientes
provenientes de grandes grupos seleccionados
de alto riesgo. Los resultados de tales estudios,
por tanto, fueron difíciles de extrapolar
a la población obstétrica general.
Los resultados de aquellos donde se incluyen
mujeres de bajo riesgo en contexto clínico
sistemático han sido mixtos, con una
variación de tasas de detección
del síndrome de Down entre 29 y 91 %.
El más grande estudio hasta la fecha,
la detección por NT, fue realizado por
Snijders y colaboradores de la Fetal Medicine
Foundation (FMF) en Londres, donde 96.127 pacientes
no seleccionadas fueron objeto de ultrasonografía
para NT en 22 centros hospitalarios entre las
10 y 14 semanas de gestación. En ese
grupo se comunicó una tasa de detección
del síndrome de Down del 82%, con FPR
del 8%.
Se ha puesto en duda el cálculo de
la tasa de detección del síndrome
de Down en ese estudio. Snijders y colaboradores
calcularon que en ausencia de alguna forma de
investigación en su población
de 96.127 pacientes hubiese habido 266 nacidos
vivos a término con síndrome de
Down. Sin embargo, se sabe que hasta el 40%
de los fetos vivos con síndrome de Down
a las 10 o 14 semanas de gestación no
sobrevive hasta el término, sino que
termina con una muerte intrauterina espontánea.
Por tanto, si había 266 lactantes con
síndrome de Down en un grupo a término,
ello indicaría que al menos 473 fetos
con síndrome de Down tendrían
vida entre las 10 y 14 semanas de gestación,
que es el momento en que se hace la prueba de
detección. Por tanto, la tasa de detección
registrada del síndrome de Down debería
haberse manifestado más correctamente
como 266/473, o 60%. Ese tema de la subdetección
significativa de casos del síndrome de
Down constituye una limitante frecuente de casi
todos los estudios de valoración de estrategias
de detección del sindrome de Down. La
subdetección puede evitarse sólo
si se cuenta con la información completa
del cariotipo en todos los embarazos sometidos
a pruebas de detección y puede disminuir
al mínimo por metodologías de
estudio donde se usan amplios programas de vigilancia
del embarazo. Casi todos los estudios de la
población general acerca de la detección
del síndrome de Down tienen tasas muy
altas por no hacer una determinación
precisa de los casos. Además, ese tema
es uno de los motivos por los que el grupo de
la FMF ha revisado las características
de desempeño del estudio basado en NT
cinco veces durante los últimos cinco
años, con tasas de detección que
van de 78 a 84% con FPR de 5%.
Otros estudios multicéntricos más
recientes de la detección con base en
la NT en la población general han dado
resultados muy variables. En un estudio de Estados
Unidos se incluyó a 8.514 pacientes de
12 centros hospitalarios y se comunicó
una tasa de detección del 72% para el
síndrome de Down con 5% de FPR cuando
se usaron sólo NT y edad materna. En
otro estudio escocés de 17.229 pacientes
incluidas en 15 centros hospitalarios y con
participación del grupo FMF para capacitación
en ultrasonografía y control de calidad,
se mostró una tasa de detección
de sólo 54%, con 5% de FPR para NT con
respecto a la edad materna. Si bien se han publicado
muchos otros estudios menos rigurosos de la
detección basada en la NT, una conclusión
razonable al respecto es que hay poco acuerdo
en las publicaciones acerca de las características
reales de desempeño de dicho estudio
y que es sujeto de variación considerable
entre centros hospitalarios y poblaciones.
ESTUDIO
AÑO
Tasa de detección
(%)
Tasa de positivos
falsos (%)
Nicolaides
y col.
1996
84
6
Cuckle
1997
79
5
Snijders
y col.
1998
77
5
Nicolaides
y col.
1998
73
5
Bindra
y col.
2002
79
5
Cuadro.- Cambios en las tasas comunicadas
de detección del síndrome de Down
por ultrasonografía de la translucencia
nucal y edad materna de la Fetal Medicine Foundation.
DETECCIÓN DE OTRAS ANEUPLOIDÍAS
POR TRANSLUCENCIA NUCAL
El estudio de la FMF de Snijders y colaboradores
también señaló que la detección
con base en NT pudiese identificar de preferencia
aneuploidías diferentes al síndrome
de Down. Las tasas de detección observadas
fueron de 81% para la trisomía 18, 80%
para el síndrome de Turner y 63% para
las triploidías, con base en los casos
diagnosticados en etapa prenatal o al nacer.
Ellos no incluyeron casos que se esperaría
tuviesen una terminación temprana espontánea.
Las tasas de detección reales para esos
casos son, por tanto, difíciles de calcular,
dado que la prevalencia de esos trastornos en
el primer trimestre es incierta y la mayoría
de los fetos afectados mueren espontáneamente
dentro del útero. Con base en la frecuencia
de las anomalías cromosómicas
en recién nacidos, se estima que en ausencia
de estudio casi el 80% de los casos culminaría
con una muerte intrauterina espontánea.
DETECCIÓN POR TRANSLUCENCIA NUCAL
CON MARCADORES SÉRICOS MATERNOS EN EL
PRIMER TRIMESTRE: PRUEBAS COMBINADAS
La investigación del análisis
sérico materno en el primer trimestre
ha mostrado insistentemente que se vincula a
un mayor riesgo del síndrome de Down
con cifras más altas de hCG total y de
la subunidad beta libre de hCG (con un MoM promedio
de 1,83 en pacientes con afección) y
cifras más bajas de PAPP-A (con un MoM
promedio de 0,38 en pacientes afectados). Los
estudios de la combinación de hCG, PAPP-A
y la edad materna muestran de modo uniforme
una tasa de detección de casi 60%, con
FPR de 5%.
Esos marcadores séricos del primer
trimestre parecen ser independientes de NT,
lo que significaría que se pueden combinar
los métodos séricos y ultrasonográficos
en un solo esquema, más eficaz para el
estudio que cualquiera de los dos aislado. Se
han calculado tasas de detección de esa
prueba combinada hasta de 85% (con FPR del 5%)
para el síndrome de Down y 89% para la
trisomía 18 (con FPR de 1%). Sólo
se han hecho unos cuantos estudios de la prueba
combinada. En el estudio OSCAR, realizado por
el grupo de la FMF a partir de 14.383 pacientes,
se comunicó una tasa de detección
del 90% con FPR del 5% mediante prueba combinada,
aunque en el estudio escocés de Crossley
y colaboradores en 17.229 mujeres se calculó
una tasa de detección del 62 al 82% con
FPR del 5%. Este último estudio mostró
una variedad de tasas de detección, dependiendo
de que las pacientes acudieran para las pruebas
con base en la NT, pero se incluyó a
quien no se pudo hacer una medición adecuada.
Claramente, si solo se incluyen aquellas pacientes
con mediciones precisas de NT se obtendrán
tasas más altas de detección del
síndrome de Down. Sin embargo, incluir
en la tasa de detección a todas las pacientes
que acudieron al estudio y no sólo al
subgrupo que la medición fue precisa
es más compatible con un método
de “intento por tratar” del análisis
estadístico. Los resultados preliminares
del estudio BUN en Estados Unidos señalaron
una tasa de detección del 77% del síndrome
de Down con FPR del 5%. Los resultados de grandes
estudios propectivos casi por concluir en Estados
Unidos (el FASTER Trial) y el Reino Unido (el
SURUSS Trial) por último aclararán
esas tasas de detección.
DETECCIÓN POR TRANSLUCENCIA NUCAL
CON MARCADORES SÉRICOS EN EL PRIMERO
Y SEGUNDO TRIMESTRES: PRUEBAS INTEGRADAS
Se propuso la incorporación de NT y marcadores
séricos maternos del primer trimestre
con análisis séricos maternos
del segundo para proveer a las pacientes una
sola valoración de riesgo como alternativa
para cuantificar por separado los riesgos del
síndrome de Down en cada trimestre. Ese
método de dos pasos, comúnmente
conocido como prueba integrada, implica una
combinación de NT y PAPP-A en el primer
trimestre seguida por AFP, hCG, uE3 e inhibina-A
séricos en el segundo, con sólo
un resultado de riesgo del síndrome de
Down que se proporciona en el segundo trimestre.
La ventaja de esa prueba parece ser una muy
alta tasa de detección del síndrome
de Down, con modelos que sugieren que pudiese
ser tan alto como del 94% con una FPR del 5%.
Como otra alternativa, pudiese usarse tal método
para aminorar de modo considerable la tasa de
positivos falsos hasta una cifra tan baja como
1%, en tanto se mantiene una alta tasa de detección,
de 85%.
Aun cuando se introdujeron pruebas integradas
en unos cuantos centros hospitalarios, sigue
siendo motivo de controversia, con preocupación
por evitar de comunicar un hallazgo potencialmente
significativo del primer trimestre hasta después
de concluir las pruebas en el segundo. Hackshaw
calculó que sólo 0,05% de las
mujeres bajo la prueba integrada tendrían
riesgo lo suficientemente alto de síndrome
de Down por NT y edad materna solos para que
los marcadores séricos del primero y
segundo trimestres no lo modificasen. Se esperan
los resultados de los estudios SURUSS y FASTER
para una valoración completa de los resultados
relativos de esos diversos métodos de
detección del síndrome. Por último,
es posible que las normas de detección
estadounidenses reconozcan una variedad de posibles
opciones de investigación, con individualización
de la decisión por el médico y
el asesor genético acerca de qué
prueba seleccionar para adaptarse a las necesidades
de cada paciente.
DETECCIÓN POR TRANSLUCENCIA NUCAL
MÁS ALLÁ DE LAS ANEUPLOIDÍAS
Además del vínculo con un
mayor riesgo de síndrome de Down u otras
aneuploidías, la translucencia nucal
(NT) aumentada se vincula con una amplia variedad
de malformaciones estructurales fetales, síndromes
genéticos y resultados adversos del embarazo.
El aumento de NT pudiese constituir un marcador
inespecífico de malformaciones fetales,
con un riesgo evidente de defectos al nacer
o resultado adverso del embarazo relacionado
directamente con el tamaño medido. En
un estudio de Souka y colaboradores de 4.116
embarazos, se mostró que la tasa de nacidos
vivos cayó de 96,3% en aquellos con NT
menor de 3,4 mm hasta 44% en los de más
de 6,5 mm. de NT. La incidencia real de tales
anomalías fetales adicionales puede ser
subestimada, ya que no todas son detectables
en los periodos prenatal o neonatal temprano.
Es necesaria la vigilancia pediátrica
a largo plazo de recién nacidos cromosómicamente
normales con aumento de NT antes de aclarar
de manera adecuada la fortaleza de tales vínculos.
La detección basada en NT puede ser
una forma eficaz de identificar aquellos embarazos
con riesgo de defectos cardiacos. En varios
estudios se ha valorado el vínculo entre
aumento de NT y defectos cardiacos, con una
prevalencia de estos últimos que va de
un bajo 9 por 1000 nacidos vivos hasta un alto
73. Hyett y colaboradores hicieron el estudio
retrospectivo más grande de ultrasonografía
para NT y defectos cardiacos congénitos
en una población de 29.154 fetos euploides.
De los casos precisados de cardiopatía
congénita, el 56% presentó una
medición de NT mayor del porcentil 95º
para la edad gestacional, incluyendo 25% de
los fetos con tetralogía de Fallot, la
mitad de aquellos con defectos del conducto
AV, la mitad de los que presentaban transposición,
66% de los que tenían el síndrome
de hipoplasia cardiaca izquierda y todos los
de coartación o estenosis aórticas.
Sin embargo, en conjunto, la prevalencia de
defectos cardiacos congénitos en el estudio
de Hyett y colaboradores fue de solo 1,7 por
1000, mucho menor que la prevalencia usual esperada
en la población, de 8 por 1000 nacidos
vivos. Aun cuando se permite la exclusión
de defectos cardiacos en fetos aneuploides de
esa población, parecería que la
subdetección de casos tuvo impacto negativo
en el estudio. En un estudio prospectivo de
Mavrides y colaboradores, de 7.339 embarazos,
se señaló una mayor prevalencia
de defectos congénitos cardiacos mayores,
de 3,5/1000, pero con una tasa de detección
de sólo 15% mediante NT. Esos datos sugieren
que si bien el aumento de NT tiene vínculo
claro con defectos cardiacos congéntitos,
su uso por sí mismo como recurso de estudio
de la población general en busca de cardiopatías
puede tener limitaciones significativas.
En conjunto, debería señalarse
que después de la detección de
una translucencia nucal (NT) aumentada, el cariotipo
normal no provee aliento suficiente para un
posible resultado exitoso del embarazo. Los
fetos con aumento de NT deben considerarse de
alto riesgo de una anomalía grave del
corazón u otra malformación y
vigilarse con asesoramiento genético
adicional, estudio ultrasonográfico dirigido
para la anatomía y ecocardiografía.
Pueden estar indicadas pruebas genéticas
adicionales, ya que los métodos citogenéticos
estándar tal vez no permitan detectar
pequeñas deleciones o rearreglos cromosómicos.
En la actualidad no hay consenso en cuanto a
qué umbral de NT garantiza tal vigilancia
adicional, si bien algunos investigadores consideran
que han de hacerse las pruebas a todos los fetos
con una cifra de NT correspondiente al porcentil
95º o mayor.
En un estudio prospectivo multicéntrico
efectuado por el Instituto Nacional para la
Salud del Niño y el Desarrollo Humano
de Estados Unidos para la prevención
del síndrome de Down observando la NT
entre las semanas 10+4 y 13+6, de las 8.167
gestaciones cromosómicamente normales
se han encontrado 21 casos de defectos cardiacos
congénitos graves (D.C.C.G.) identificados
en los exámenes posteriores (2,6/1000
gestaciones). El riesgo de defecto cardiaco
congénito aumenta con la medida de la
NT. El valor medio de NT para los grupos normales
y con defectos cardiacos congénitos fue
de 1,5 mm y de 1,9 mm respectivamente. Con unas
NT de < 2 mm. la incidencia de D.C.C.G. fue
de 13 de las 6.757 gestaciones (1,9 por cada
1000 gestaciones). Entre 2 y 2,4 mm la incidencia
fue de 5 de las 1.032 gestaciones (4,8 de cada
1000 gestaciones). Entre 2,5 y 3,4 mm la incidencia
fue de 2 de las 335 gestaciones (6 de cada 1000
gestaciones). Con más de 3,5 mm la incidencia
fue de 1 entre 43 gestaciones (23 por cada 1000
gestaciones).
DETECCIÓN POR TRANSLUCENCIA NUCAL
DE EMBARAZOS MÚLTIPLES
La valoración del riesgo prenatal del
síndrome de Down en embarazos múltiples
ha sido bastante limitada antes del advenimiento
de las pruebas de detección basadas en
la NT. El análisis sérico materno
no se ha ampliado en el contexto de embarazos
múltiples por la posibilidad de discordancia
entre gemelos y el impacto de las diferentes
placentas sobre las ausencias analizadas. La
tasa de detección del síndrome
de Down con la prueba cuádruple en el
segundo trimestre de embarazos gemelares se
ha calculado de sólo 47% con FPR del
5%, si bien variará dependiendo de que
el embarazo sea monocoriónico o dicoriónico.
Los estudios han mostrado que la distribución
de NT no difiere mucho en embarazos únicos
y gemelares, de manera que las tasas de detección
en ambos tal vez no tengan diferencia. La tasa
de positivos falsos de la detección por
NT puede ser mayor en gemelos monocoriónicos.
Un aumento de NT en un gemelo monocoriónico
y no en el otro también puede representar
un mayor riesgo de aparición del síndrome
de transfusión intergemelar. Aunque todavía
se requiere investigación adicional de
la eficacia de este método de detección
en embarazos múltiples, la ultrasonografía
para medición de NT representaría
una mejora importante con respecto al análisis
sérico en embarazos múltiples.
ACIDO FOLICO Y MALFORMACIONES DEL NEONATO
La Organización Mundial de la Salud
recomienda tomar diariamente 0.4 mg. diario
de acido fólico, mínimo 0.180
mg. y máximo 1 mg. ó 1000/µgr.
por día durante el periodo periconcepcional.
Este periodo incluye un mes antes desde la fecha
de la última regla y dos más después
de la fecha de la última regla de gestación.
El suplemento con acido fólico en el
periodo periconcepcional reduce al 50% el riesgo
de defectos del tubo neural.
Estos son:
1. espina bifida : cuando no se fusionan uno
o más arcos vertebrales de modo que quedan
al descubierto las meninges, (meningocele) o
tejido nervioso y además las capas meníngeas
(meningomielocele).
2. anencefalea: es el defecto más grave.
Siempre es letal y ocasiona óbito ó
muerte neonatal temprana.
Defectos del tubo neural, son un grupo de malformaciones
del cerebro y de la medula espinal que se originan
a lo largo de la gestación. El más
común de ellos es anencefalea y meningomielocele
que acontece en el periodo de neurolación,
un periodo bien claro que corresponde del día
17 al 30 después de la ovulación.
Hay un 50% de causas genéticas y ambientales
en los defectos del tubo neural que estan por
determinar. Los defectos del tubo neural posneurolación
están cubiertos por la piel.
En ninguno de los estudios realizados se ha
tenido presente los valores de acido fólico
básales antes de tomarlo, ni tampoco
los niveles del mismo en la alimentación.
Hay variaciones según país e incluso
dentro de este. En China se encontraron diferencias
entre el norte y el sur. De 117.689 mujeres
en el norte que tomaron acido fólico
se identifico un 1/000 de anomalías del
tubo neural comparado con un 4.8/000 de mujeres
que no lo tomaron. En el mismo país y
en las regiones del sur se encontró un
0.6/000 en las mujeres que lo tomaron y 1/000
en las mujeres que no tomaron acido fólico
en el periodo perigestacional.
La toma de acido fólico también
reduce en un 30% la presencia de labio leporino
con o sin fisura del paladar. No reduce la aparición
de solo la fisura palatina.
International Variation in the Rates of Spina
Bifida and Anencephaly